Programación febrero-mayo 2016

 

 

 

Miércoles, 27 de abril: Ángel Gabilondo

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Juan A. Nicolás

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Juan A.Nicolas

Miércoles, 11 de noviembre de 2015

19:00 horas

Aula 104B del Edificio FES

Entrada libre hasta completar el aforo

JUAN ANTONIO NICOLÁS (www.ugr.es/local/jnicolas), Catedrático de Filosofía de la Universidad de Granada., Presidente de la “Red Iberoamericana Leibniz”, Vicepresidente de la Sociedad española Leibniz, Director del Proyecto de investigación “Leibniz en español” (www.leibniz.es), Director de la “Biblioteca Hispánica Leibniz”, Director del grupo de investigación “Conocimiento, verdad y valores”. Coordinador del Programa de doctorado en Filosofía de la Universidad de Granada, Presidente de la Comisión de posgrado del Departamento de Filosofía II de la Universidad de Granada, Secretario del Departamento de Filosofía (1998-2001), Miembro de la Comisión de Doctorado de la Universidad de Granada (1999-2005). Director de la edición de “Obras filosóficas y científicas” de G.W. Leibniz, y de las colecciones “Filosofía Hoy”, “Claves”, “Guías Comares” y “Nova Leibniz” de Editorial Comares. Miembro del Comité de dirección de la Escuela de Doctorado en Humanidades de la Universidad de Granada, miembro del Seminario Xavier Zubiri, miembro de la Sociedad española Leibniz, miembro de la Leibniz-Gesellschaft, miembro de la Sociedad española de Fenomenología y miembro  de la  Asociación de Hispanismo filosófico. Profesor invitado en Universidades de Alemania, Grecia, Chile, México, El Salvador, Cuba, Argentina y Portugal. Miembro del Comité Científico de Revistas españolas y extranjeras. Publicados 69 artículos, 22 libros (como autor y/o editor), dirigidas 7 tesis doctorales, reconocidos 4 sexenios de investigación.

Áreas de especialización profesional: Filosofía Moderna, Racionalismo Crítico, Hermenéutica contemporánea, Filosofía española y latinoamericana, G.W. Leibniz, X. Zubiri, K.O. Apel, I. Ellacuría. Principales líneas de investigación: (1) “Metafísica de la individualidad sistémica de Leibniz”. (2) Alternativas ante la crisis de la Modernidad: “Al filo de la Modernidad”. (3) Revisión del pensamiento crítico: “Las fuentes de la crítica”. (4) Replanteamiento de la noción de verdad: “Teoría crítico-experiencial de la verdad”.

 

Publicaciones (solo libros):

– Razón,Verdad y Libertad en Leibniz, 1993.

– (eds.) Saber y conciencia/Wissen und Gewissen, 1995.

– (ed.), D. Hume: Resumen del Tratado de la naturaleza humana

– (eds.) Teorías de la Verdad en el siglo XX, 1997.

– (eds.), Verdad y experiencia (1998)

– (eds.), El valor de la verdad. Hermenéutica, semántica,política,  2000.

– (eds), Evaluando la Modernidad. El legado cartesiano en el pensamiento actual, 2001

– (ed.) X. Zubiri: El hombre y la verdad, 1999 (ed. francesa L’ homme et la vérité, 2003)

– (eds.), Balance y perspectivas de la filosofía de X. Zubiri, 2004.

– (eds.) El legado de Gadamer, 2004.

– (eds.) G.W. Leibniz, Obras Filosóficas y científicas, vol. 14: Correspondencia I,  2007

– (eds.), Historia, Ética y Ciencia. El impulso crítico de la filosofía de Zubiri, 2007.

– (eds.), Zubiri ante Heidegger, 2008.

– (Hrsg.) Leibniz und die Entstehung der Modernität, Steiner Verlag, Stuttgart, 2010.

– (eds.), Leibniz y las ciencias empíricas. Leibniz and the empirical sciences, 2011.

– (ed.) Guía Comares de Zubiri, 2011.

– (eds.) Teorías contemporáneas de la verdad, 2012.

– (eds.) Verdad, hermenéutica y adecuación (2015)

– (eds.) Guía Comares de Leibniz (Monadología) (en prensa)

– (ed.)  Körper, Monaden, Geister (im Druck)

– (eds.) Leibniz and Hermeneutics (in press)

– (Hrsg.) Leibniz’ Rezeption von Aristoteles (im Druck)

En un contexto en el que desde el Comunitarismo se propugna una recuperación  parcial de la ética aristotélica de la virtudes, desde el Neoconservadurismo se propugna la utilización de las religiones para re-legitimar la dimensión económico-productiva de las sociedades capitalistas avanzadas, desde la Ética discursiva se reivindica la restricción de la razón instrumental-calculadora y su conexión con las dimensiones comunicativa y liberadora de la racionalidad, desde la posmodernidad se reclama un papel para las dimensiones no conceptuales de la intelección humana, la propuesta leibniziana suena sugerente. En la época de la globalización en la que estamos situados, que pone en primer plano la tensión entre el universalismo ilustrado y el papel de lo particular, bajo la forma de culturas minoritarias, grupos marginales, etc., y en la época en la que se reivindica la importancia de la comunidad concreta como mecanismo de articulación y cohesión social, Leibniz plantea una propuesta de racionalidad moral que sin renunciar al universalismo de los principios racionales, los integra en una metafísica de la individualidad sistémica. Es una vía para avanzar hoy tanto en la tan reclamada unidad de la razón, como en la no menos urgente exigencia de reconocimiento de las minorías.

Juan A. Nicolás, 2007

Félix Duque

2Félix Duque.Filosofía

Félix Duque

Jueves, 9 de abril de 2015

19:00 horas

Aula 104B Edificio FES

Entrada libre hasta completar el aforo

FÉLIX DUQUE PAJUELO es Catedrático Emérito de Filosofía en el Departamento homónimo de la Universidad de Madrid. Sus investigaciones se centran en la filosofía clásica alemana, en las teorías del arte actual y en las relaciones entre política e historia. Al respecto, es el promotor (y coordinador hasta 2013-2014, por su jubilación) del Máster Universitario: “Filosofía de la Historia: Democracia y Orden Mundial”. Hasta la fecha es autor de treinta y cinco libros (once de ellos, en idioma italiano) y ha preparado la edición de nueve libros de clásicos de la filosofía (entre ellos, una edición trilingüe de El arte y el espacio, de M. Heidegger, y los dos vols. de la Ciencia de la lógica de Hegel). También ha escrito un manual: La era de la crítica. Historia de la filosofía moderna (1998).

BREVE CONFESIÓN

Félix Duque

Hace quince años escribí: “la filosofía ha repetido de muchas maneras, incesantemente, que el individuo es lo desechable, el residuo de la lógica y la ley” (Filosofía para el fin de los tiempos). Sigo dándole vueltas a eso desde siempre (o al menos, desde mis tempranos escarceos con Hume, el “tragatórtolas”), de modo que mi quehacer de 40 años con la filosofía supone una indisoluble relación de amor-odio. Amor, porque sin la asimilación (al principio indigesta) de los grandes sistemas filosóficos (enseño mis cartas: Platón, Aristóteles, Spinoza, Leibniz, Hume, Hegel, Nietzsche, Heidegger) me sería imposible pensar la vida a derechas (no por la derecha); es más, para tipos como yo, sería seguramente imposible la propia vida sin filosofía. Pero recuérdese el adagio escolástico: quidquid recipitur recipitur ad modum recipientis, y de ahí viene también mi peculiar “odio” a la filosofía: desde luego y sobre todo a la “grande”, incluyendo a Nietzsche. Y ello, por lo dicho al inicio. Entiendo, por ejemplo, que el lenguaje sea más verdadero que lo sensible: pero eso no significa que lo entregado suo modo en lo sensible pueda ser desechado, sin más (claro, que Hegel me insinúa al punto en la oreja que, leyendo sus textos a contrapelo, se advierte como “eso” que está en lo sensible va resurgiendo y espesándose  tácitamente hasta lo insoportable, según va ascendiendo el Espíritu en su supuesta marcha triunfal). Entiendo, también, que para salir como un basilisco del nihilismo sea necesario pasar por él: pero no a costa de “inflar” al ultrahombre hasta que la voluntad se combe en voluntad de voluntad (platonismo invertido, llamó a eso Heidegger). Y puedo entender, en fin, que hayamos pasado la “línea fronteriza” de la metafísica. Pero no veo por qué hayamos de esperar otro inicio ni un nuevo dios, en vez de aprender a vivir en la intemperie.

Por esa mi desconfianza me ejercité –y sigo haciéndolo, a mi modo- en un proceder (que no “método”) al que llamo “desmantelamiento” de los textos. No se trata de “deconstruccionismo”, porque no creo en ningún “arché”, aunque esté sutilmente disimulado bajo la archiécriture y la différance; las ideas rectoras de un sistema, como los eventos en la historia, surgen de manera abrupta e imprevista (y en ambos casos, más de las tripas que de la cabeza), obligando en consecuencia post festum a remodelar los acontecimientos y sucesos transcritos en las narraciones anteriores (haciéndolos pasar luego subrepticiamente por “causas” del acontecimiento): no hay pues “origen” (tampoco, desde luego, desplazado u oculto en la escritura). Pero tampoco hay “compartimentos estancos”, a manera de Weltanschauungen, sino recomposiciones en función de una Idea-motriz (destilada, más o menos interesadamente, a partir del evento triunfante), lo cual hace que, como en los grandes movimientos tectónicos, autores tenidos por un “perro muerto” renazcan al calor de un evento y comiencen a engendrar interpretaciones impensadas (baste parar mientes en los presocráticos con Heidegger, en Spinoza con Jacobi y Hegel y luego con autores franceses contemporáneos, o en el Marx “lacaniano-leninista” de Zizek). Según esto, “desmantelar” un texto clásico significaría buscar las trazas -superpuestas y aun borrosas, como un palimpsesto- que las interpretaciones y los avatares sociopolíticos y científicos han dejado en él, desde el territorio actual de nuestros cambiantes prejuicios (reconozco cierta deuda al respecto con la “fusión de horizontes” gadameriana, pero sin hacerme la menor ilusión de que la serie de interpretaciones vayan a conseguir un Zuwachs an Sein).

Sólo que ahora empiezo a darme cuenta de que eso que yo llamaba “individuo” (mi querido “Yo”) está constituido-destituido también por las trazas que me han ido con-(des)figurando –al igual que pasa con los textos filosóficos-;  de modo que eso que está al margen, de sobra, no soy “yo” (último refugio del sustancialismo), sino las trazas móviles mismas. A la acción de recoger y ensamblar en lo posible esos residuos de vida lo llamo la piedad del pensar.

Y ello me obliga a replantearme también mis pesquisas en arte (buscando el “grado cero de la sensación”, siendo así que ese grado viene suscitado por el asco) y en política, como si bastara distribuir mejor las riquezas de una nación para que sus “habitantes” fueran felices; atención: no digo que no deba tenderse a ello; lo que digo es que la “felicidad” no va por ahí, o más bien que la filosofía no sirve para eso –no ha servido nunca, salvo que fuera ideología-, sino más bien para entristecer.

Muchos en vano intentaron decir alegremente lo más alegre,

Aquí finalmente a mí se me anuncia, aquí, en la tristeza.

Hölderlin, Sophokles

Miguel Ángel Quintanilla

 

 

 

 

 

 

 

FOTO MAQ 1

 

Miércoles, 25 de marzo de 2015

19:00 horas

aula 104B del Edificio FES

Entrada libre hasta completar el aforo

 

 

 

 

Fundador y Director actual del Instituto ECYT, es Catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia en la Universidad de Salamanca (España). Sus líneas prioritarias de investigación son:    Filosofía de la Ciencia y de la Técnica,  Estudios Sociales de Ciencia y Tecnología, Cultura Científica, Comunicación Pública de la Ciencia, Políticas Científicas y Tecnológicas. Temas sobre los que ha publicado numerosos libros y artículos. Entre sus obras destacan: Tecnología: Un enfoque filosófico. FUNDESCO, (premio Fundesco de Ensayo 1988). La utopía racional. (En colaboración con Ramón Vargas-Machuca: Premio Espasa Mañana de Ensayo). Ciencia, tecnología y Sociedad. (en colaboración con J.M. Sánchez Ron. Santillana. Madrid.1997). Cultura tecnológica: estudios de ciencia, tecnología y sociedad (en colaboración con Eduardo Aibar. Barcelona, 2002. Fundador del grupo EPOC (Estudios de Política Científica: 1989-91) y del proyecto Novatores, sistema regional de comunicación científica y tecnológica en Castilla y León,  Ha sido miembro del Comité Científico del XXI Congreso Internacional de Filosofía (Estambul 2003) y XXII (Seúl 2008). Es miembro del Institut International de Philosophie. De 1982 a 1989 fue Senador en las Cortes Españolas. Fue Vicepresidente Primero de la comisión de Educación del Senado, ponente de la Ley de la Ciencia (1986) y presidente Comisión Mixta Congreso-Senado de Investigación Científica y Desarrollo Tecnológico. Ha sido Secretario General del Consejo de Universidades (1991-1995), y Secretario de Estado de Universidades e Investigación (2006-2008). Es Presidente del Consejo Asesor de la Agencia para la Calidad del Sistema Universitario de Castilla y Léon (marzo de 2009 y miembro del Consejo de Universidades de Castilla y Léon (bocyl 26/04/2013). Ha recibido la Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil otorgada por el Consejo de Ministros y la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X EL Sabio otorgada por el Ministerio de Educación (julio de 2008) y el Premio Prisma especial del jurado de la Casa de las Ciencias de La Coruña por la trascendente contribución al desarrollo de la cultura científica en España y el papel desempeñado en la organización del Año de la Ciencia en 2007 (noviembre 2008).

 

 

 

 

 

Ignacio Delgado

Ignacio Delgado

martes, 9 de diciembre de 2014

19:00 horas

Aula 104B del edificio FES

Entrada libre hasta completar el aforo

Ignacio Delgado González nació en Camagüey, Cuba, en 1945. Llegó a Salamanca en 1965. En la Universidad Pontificia estudió Teología y obtuvo la licenciatura en 1969. En esta misma Universidad  estudió Filosofía obteniendo la licenciatura en 1972 y en la Universidad de Salamanca el doctorado en 1978. Desde 1977 ha sido profesor de la  Universidad de Salamanca, al comienzo como profesor interino, más tarde como profesor titular y finalmente como catedrático de escuela universitaria hasta la actualidad. Hace dos años adquirió la Acreditación para cátedra de Universidad. En esta Universidad ha desarrollado la actividad docente e investigadora durante más de 37 años.

Desde los comienzos aprendí que la Filosofía responde a la necesidad humana de saber a qué atenerse y de saber vivir con sentido. Para aprender a vivir con sentido la filosofía nos seduce con el proyecto humanizante de una vida digna y feliz, es decir, de una vida informada por los derechos y alimentada por los valores, una vida en definitiva realizada desde la razón y desde la ética. La filosofía educa: hace pensar, plantea la cuestión del sentido de la vida humana, forma integralmente a la persona. Toda filosofía que quiera incidir en la transformación del ser humano y de la sociedad encierra una intencionalidad y unas virtualidades educativas. Esto significa entender la filosofía como formación. Y es una buena vía para que la filosofía se inserte en la problemática del hombre actual.